{"id":8738,"date":"2026-08-08T19:24:50","date_gmt":"2026-08-08T17:24:50","guid":{"rendered":"https:\/\/www.beatricevenezi.it\/?p=8738"},"modified":"2026-08-17T18:23:00","modified_gmt":"2026-08-17T16:23:00","slug":"la-bellezza-salvera-il-mondo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.beatricevenezi.it\/es\/la-bellezza-salvera-il-mondo\/","title":{"rendered":"La belleza salvar\u00e1 al mundo"},"content":{"rendered":"<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>El BLOG de Beatrice Venezi \u2013 <\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La frase es de Dostoievski, o mejor dicho, \u00e9l se la puso en boca al pr\u00edncipe Myshkin, el protagonista de El idiota: un hombre al que todo el mundo considera ingenuo, tal vez incluso loco, precisamente por la pureza con la que cree en lo que dice. Dostoievski no nos la presenta como una certeza tranquila: nos la presenta como una apuesta, pronunciada por alguien que tiene todas las razones para ser desmentido. Y tal vez sea precisamente por eso que esa frase, a m\u00e1s de un siglo de distancia, sigue persigui\u00e9ndonos. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>\u00bfPor qu\u00e9 la belleza?<\/strong>, tal como la entiende Dostoievski, nunca ha sido solo una cuesti\u00f3n est\u00e9tica. Ya los griegos le daban un nombre que hoy casi hemos olvidado: <em>kalokagath\u00eda<\/em>, de la uni\u00f3n de <em>kal\u00f3s<\/em>, bonito, y a<em>gath\u00f3s<\/em>, lo bueno. Para ellos, lo bello nunca estaba separado de lo bueno y de lo justo: ver algo bello no era un placer en s\u00ed mismo, sino una forma, aunque fuera indirecta, de vislumbrar la verdad moral del mundo. No se trataba de la belleza aplicada \u00fanicamente al aspecto sensible de las cosas, sino tambi\u00e9n al comportamiento: un ideal de perfecci\u00f3n tanto f\u00edsica como moral, lo que hoy llamar\u00edamos nobleza de esp\u00edritu. El arte, en esta visi\u00f3n, puede representar lo \u201cbello\u201d y, al mismo tiempo, promover lo que es \u201cbueno\u201d y \u201cjusto\u201d: no decora la vida, la orienta.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Si la belleza conlleva esta carga \u00e9tica,<\/strong> Por eso, ense\u00f1ar a reconocerla \u2014ense\u00f1ar m\u00fasica, desde peque\u00f1os, en las escuelas\u2014 nunca ha sido un capricho pedag\u00f3gico: es un acto propiamente c\u00edvico. Tambi\u00e9n he escrito mucho sobre esto en mis libros. Una orquesta es tal vez el primer espacio real donde un ni\u00f1o aprende que su voz solo cuenta en relaci\u00f3n con la de los dem\u00e1s, que tocar bien no significa destacarse a toda costa, sino saber integrarse, escuchar a quienes est\u00e1n a su lado, ceder el paso y retomarlo cuando sea el momento adecuado. Plat\u00f3n ya lo sab\u00eda, cuando en La Rep\u00fablica le confiaba a la m\u00fasica \u2014la <em>mousik\u00e9,<\/em> que para los griegos un\u00eda la poes\u00eda, la danza y el canto \u2014un papel central en la formaci\u00f3n del ciudadano, no solo del aficionado: educar en la armon\u00eda de los sonidos significaba, para \u00e9l, educar en la armon\u00eda del alma y, a partir de ah\u00ed, en la armon\u00eda de toda la ciudad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>No es casualidad <\/strong>que sea la propia palabra la que nos lo diga.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Despu\u00e9s de todo, esta doble naturaleza <\/strong>Est\u00e1 escrita en la misma palabra que usamos para referirnos a tocar m\u00fasica juntos. \u201cConcierto\u201d proviene del lat\u00edn concertare, compuesto por <em>cum<\/em>-, \u201cjuntos\u201d, y <em>verificar<\/em>, \u201ccompetir\u201d, \u201cdisputar\u201d: literalmente, por lo tanto, competir juntos. Pero la misma palabra conlleva una segunda ra\u00edz, igualmente reconocida, la de <em>conservar<\/em>, \u201centrelazar\u201d, la idea de una uni\u00f3n armoniosa de varios elementos. A lo largo de los siglos, el significado ha pasado de la contienda a la cooperaci\u00f3n, hasta tal punto que, de la misma ra\u00edz, el italiano tambi\u00e9n ha heredado la palabra \u201cconcerto\u201d en el sentido jur\u00eddico de \u201cpacto\u201d o \u00abacuerdo\u00bb. Y cuando, entre el Renacimiento y el Barroco \u2014con Corelli, con Vivaldi\u2014, la palabra llega a designar finalmente la interpretaci\u00f3n musical, conserva ambas facetas: una competencia amistosa entre el solista y la orquesta, que al mismo tiempo cooperan para construir una \u00fanica y perfecta armon\u00eda. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>Concentus,<\/em><\/strong> \u201carmon\u00eda de voces, consonancia\u201d. \u201cAl un\u00edsono\u201d, de manera concordante.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Tocar juntos, entonces,<\/strong> Nunca es un asunto puramente musical. La m\u00fasica cl\u00e1sica nos ense\u00f1a a esperar, a respetar los roles y las jerarqu\u00edas, a modular nuestra voz para no opacar la de los dem\u00e1s, a comprender que los silencios existen para que una voz pueda prepararse, tomar impulso y destacar en su solo. Nos ense\u00f1a que solo con disciplina, escuchando nuestro propio sonido y al mismo tiempo el que recibimos de los dem\u00e1s como respuesta, se alcanza la comuni\u00f3n perfecta del concierto. Ah\u00ed est\u00e1, en una sola palabra, la lecci\u00f3n c\u00edvica de la m\u00fasica: se puede competir y entrelazarse al mismo tiempo, destacarse sin romper la unidad del conjunto. Es una gram\u00e1tica de la escucha rec\u00edproca: la misma, exactamente la misma, que como adultos necesitaremos para vivir en una democracia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>La orquesta, al fin y al cabo, es un organismo. <\/strong>Decenas de personas que, en el instante preciso en que el director baja la batuta, dejan de ser individuos y se convierten en una sola entidad: las individualidades se desvanecen en el colectivo, todas convergen hacia la unidad. \u00bfY tocan todos lo mismo? No exactamente. Cada uno tiene su parte, ya sea peque\u00f1a o grande; cada uno aporta su granito de arena a la belleza de la interpretaci\u00f3n. Podr\u00edamos pensar en ello como una sociedad o como una familia: estar hombro con hombro con decenas de personas m\u00e1s, capaces de influir, con su forma de comportarse, en el buen resultado de nuestra propia interpretaci\u00f3n. \u00bfD\u00f3nde, si no es aqu\u00ed, se aprende mejor lo que realmente significa pertenecer a algo que es m\u00e1s grande que nosotros, la importancia de la aportaci\u00f3n de cada uno al resultado colectivo?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Hay una frase, en uno de mis libros, a la que vuelvo con frecuencia:<\/strong> Si la vista nos da el sentido de nosotros mismos, los o\u00eddos nos dan a los dem\u00e1s. Aprender a escuchar \u2014de verdad, no solo a o\u00edr\u2014 es aprender a hacer espacio a quienes no se parecen a nosotros. Y es algo m\u00e1s que un ejercicio de buenos modales: escuchar significa saber, estar al tanto, no poder seguir haciendo como si nada pasara. Por eso, el desmantelamiento de la educaci\u00f3n musical en nuestras escuelas no es solo un empobrecimiento est\u00e9tico. Es una p\u00e9rdida c\u00edvica silenciosa: priva a generaciones enteras de uno de los pocos espacios protegidos en los que se aprende, casi jugando, a escuchar al otro y a construir junto a \u00e9l algo hermoso; y por lo tanto, si los griegos ten\u00edan raz\u00f3n, tambi\u00e9n algo bueno y justo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Vivimos en una \u00e9poca en la que la violencia, la injusticia y la deshumanizaci\u00f3n <\/strong>parecen avanzar m\u00e1s r\u00e1pido de lo que podemos comprenderlas. En una \u00e9poca como esta, tal vez, la belleza deja de ser un lujo y se convierte en un testimonio necesario: la prueba de que los valores \u00e9ticos y universales no han desaparecido, incluso cuando todo parece demostrar lo contrario. No nos consuela haci\u00e9ndonos olvidar la realidad. M\u00e1s bien nos recuerda que, dentro de esa misma realidad, todav\u00eda existe algo que merece ser protegido.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Me viene a la mente<\/strong>, cada vez que pienso en esto, me viene a la mente un momento concreto de una obra que ya he comentado en otra ocasi\u00f3n: el Intermezzo de Cavalleria rusticana. En medio de una tragedia de sangre y venganza, Mascagni detiene todo, por unos minutos, y deja fluir la m\u00fasica m\u00e1s serena y luminosa de toda la partitura, justo un instante antes de que la sangre realmente brote. Esa belleza no niega la tragedia que est\u00e1 por ocurrir. M\u00e1s bien, la hace a\u00fan m\u00e1s insoportable de contemplar, porque nos muestra con claridad todo lo que estamos a punto de perder. Quiz\u00e1s esta sea la funci\u00f3n m\u00e1s aut\u00e9ntica de la belleza: no apartarnos de la oscuridad, sino iluminarla lo suficiente como para que la reconozcamos tal como es.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>No creo que la belleza, por s\u00ed sola,<\/strong> pueda detener la violencia del mundo. Pero creo que un mundo que a\u00fan sea capaz de reconocerla, de buscarla, de detenerse por un instante a escucharla, es un mundo que a\u00fan no ha dejado de creer que existe algo por lo que vale la pena luchar. Quiz\u00e1 sea precisamente esto, m\u00e1s que una promesa de salvaci\u00f3n, el verdadero significado de esa frase: no es que la belleza nos salvar\u00e1 por s\u00ed sola, sino que, mientras sigamos busc\u00e1ndola, a\u00fan no estamos del todo perdidos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Beatrice Venezi<\/em><\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-buttons alignwide is-content-justification-center is-layout-flex wp-container-core-buttons-is-layout-fe29434c wp-block-buttons-is-layout-flex\">\n<div class=\"wp-block-button has-custom-width wp-block-button__width-50\"><a class=\"wp-block-button__link has-white-background-color has-text-color has-background has-link-color has-x-large-font-size has-custom-font-size wp-element-button\" href=\"https:\/\/www.beatricevenezi.it\/es\/il-blog-di-beatrice-venezi\/\" style=\"color:#093969\"><em><mark style=\"background-color:rgba(0, 0, 0, 0);color:#093969\" class=\"has-inline-color\">Regresar al blog<\/mark><\/em><\/a><\/div>\n<\/div>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Il BLOG di Beatrice Venezi &#8211; La frase \u00e8 di Dostoevskij, o meglio, l&#8217;ha messa in bocca al principe My\u0161kin, il protagonista de L&#8217;idiota: un uomo che il mondo intero giudica ingenuo, forse persino folle, proprio per la purezza con cui crede a quello che dice. 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