{"id":8743,"date":"2026-08-14T17:29:15","date_gmt":"2026-08-14T15:29:15","guid":{"rendered":"https:\/\/www.beatricevenezi.it\/?p=8743"},"modified":"2026-08-17T18:29:57","modified_gmt":"2026-08-17T16:29:57","slug":"le-sorelle-di-mozart-episodio-2-fanny-clara-louise","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.beatricevenezi.it\/es\/le-sorelle-di-mozart-episodio-2-fanny-clara-louise\/","title":{"rendered":"Las hermanas de Mozart \u2014 Episodio 2: Fanny, Clara, Louise"},"content":{"rendered":"<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>El BLOG de Beatrice Venezi \u2013 El siglo que convirti\u00f3 a la autora en musa<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La \u00faltima vez los dej\u00e9 frente a un armario cerrado con llave. Adentro, la m\u00fasica que Nannerl Mozart hab\u00eda compuesto y que nadie volver\u00eda a escuchar jam\u00e1s. Y les promet\u00ed algo: que el siglo que se avecinaba \u2014el siglo XIX, el Romanticismo\u2014 tratar\u00eda a los talentos femeninos de una manera m\u00e1s sutil que la prohibici\u00f3n que hab\u00eda cerrado ese armario. No les prohibir\u00eda a las mujeres hacer m\u00fasica. Las convencer\u00eda, con toda la delicadeza de un cumplido, de que su tarea era inspirarla, no crearla. La musa, no la autora.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Esta noche voy a abrir tres armarios distintos. <\/strong>El primero lo encuentro entreabierto por un hermano que quiere a su hermana, pero no lo suficiente como para dejarla firmar. El segundo lo encuentro cerrado con un cerrojo por un padre que escribe el diario de su hija en su lugar, en primera persona, como si ella fuera \u00e9l. El tercero, en cambio \u2014y por eso deben quedarse hasta el final\u2014, alguien logra abrirlo por completo con una sola palabra:&nbsp;<em>igualdad<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Empecemos por Hamburgo, a principios del siglo XIX. <\/strong>Una ciudad sometida, liberada, en expansi\u00f3n y luego reducida a cenizas: el terreno perfecto para que eche ra\u00edces el Romanticismo, el siglo que sustituye la raz\u00f3n ilustrada por la emoci\u00f3n, y el yo atormentado del artista por la forma perfecta del Clasicismo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>En esa ciudad, <\/strong>En ese siglo naci\u00f3 Fanny Mendelssohn. Quiz\u00e1s el apellido te suene familiar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Su pap\u00e1 se llama Abraham, es banquero<\/strong>, y para su hijo menor \u2014F\u00e9lix, el m\u00e1s peque\u00f1o, de cinco a\u00f1os\u2014 tiene en mente un futuro concreto: <em>\u00abLa m\u00fasica se convertir\u00e1 en su profesi\u00f3n.\u00bb<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Para Fanny, en cambio, el fallo es el contrario<\/strong>, y se lo pone por escrito: <em>\u00abPara ti, en cambio, solo puede y debe ser un adorno. Deber\u00edas dedicarte con mayor seriedad y m\u00e1s celo a tu verdadero y \u00fanico trabajo, al \u00fanico trabajo que le corresponde a una chica: ser ama de casa.\u00bb<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Han pasado dos siglos y medio desde Maddalena Casulana, <\/strong>quien en 1568 se atrevi\u00f3 a escribir que era<em>&nbsp;\u00aberror vano\u00bb<\/em>Los hombres se creen los \u00fanicos due\u00f1os del talento. Y a Fanny le repiten, casi palabra por palabra, la misma vieja idea. El progreso, ya lo veremos, nunca es una l\u00ednea recta.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Fanny no se rinde.<\/strong> Pero tampoco se hace ilusiones, y lo confiesa con una amargura que, dos siglos despu\u00e9s, reconocemos perfectamente, porque es la misma que siente cualquiera que crea algo en medio de la indiferencia general: <em>\u00abSi nadie te da su opini\u00f3n ni muestra el m\u00e1s m\u00ednimo inter\u00e9s por tus creaciones, con el tiempo se pierde no solo todo el placer, sino tambi\u00e9n toda la capacidad de juzgar su valor. No puedo evitar considerar como un signo de talento el hecho de que no renuncie a componer, aunque no logre que nadie se interese por mis esfuerzos.\u00bb<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Reflexionen sobre esta frase, <\/strong>porque es una inquietud creativa muy moderna, y es el n\u00facleo de todo el episodio de hoy: no basta con tener el don. Tambi\u00e9n se necesita a alguien que, al observarlo, lo confirme.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Y aqu\u00ed, a Fanny no le falta del todo esa persona. <\/strong>F\u00e9lix realmente la admira, le da consejos y conf\u00eda en ella. Pero entre admirar a una hermana y dejarla firmar y publicar hay una enorme distancia, y F\u00e9lix no recorre esa distancia. Se dice que algunos Lieder publicados bajo su nombre los hab\u00eda escrito ella. Y ante la reina Victoria, quien le confiesa a F\u00e9lix que ama por encima de todo su composici\u00f3n&nbsp;<em>Italia<\/em>&nbsp;, F\u00e9lix se ve obligado a admitir que esa m\u00fasica, en realidad, hab\u00eda surgido de la mente de Fanny. No porque ella quisiera rob\u00e1rsela, sino porque, para una mujer, publicarla segu\u00eda siendo inapropiado, y \u00e9l dec\u00eda con sinceridad&nbsp;<em>\u00abNo puedo decir que lo apruebe\u00bb.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Fanny espera. <\/strong>Esper\u00f3 cuarenta y un a\u00f1os. Y luego, en 1846, le escribi\u00f3 a F\u00e9lix la carta m\u00e1s valiente de esta historia: <em>\u00abDurante cuarenta a\u00f1os te he tenido miedo, igual que a los catorce a\u00f1os le ten\u00eda miedo a pap\u00e1, porque siempre he querido complacer a las personas que amo. Pero ahora, F\u00e9lix, te desobedezco y te anuncio que he empezado a publicar\u00bb.\u00bb<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>A partir de ah\u00ed, Fanny compone y publica,<\/strong> llega a casi quinientas composiciones, entre las que se encuentra una obra maestra como el Tr\u00edo en re menor, op. 11.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Lo compuso apenas un mes antes de morir. <\/strong>El 14 de mayo de 1847, apenas hab\u00eda pasado un a\u00f1o desde que decidi\u00f3 tomar las riendas de su vida; un derrame cerebral la sorprende mientras ensaya una pieza musical en el piano. En una \u00faltima y amarga iron\u00eda, esa pieza ni siquiera es suya: es&nbsp;<em>La primera Noche de Walpurgis<\/em>, de Felix Mendelssohn, hermano de Fanny.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Vamos a Leipzig, <\/strong>En ese mismo per\u00edodo, otra ni\u00f1a est\u00e1 creciendo bajo otro tipo de sombra.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>\u201cLa hija de\u201d<\/strong><em>.<\/em>&nbsp;Luego: \u201cla esposa de\u201d<em>.<\/em>&nbsp;Parece que este es, a pesar de su talento, todo el destino de Clara Wieck Schumann.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Su pap\u00e1, Friedrich Wieck, es un reconocido maestro de piano<\/strong>, due\u00f1o de una f\u00e1brica de pianos, y durante a\u00f1os es \u00e9l quien escribe el diario de la ni\u00f1a, en primera persona, como si Clara fuera \u00e9l. Cuando ella crece y quiere escribirlo por s\u00ed misma, ese diario, el padre insiste en leerlo y aprobarlo. Clara es forjada en cuerpo y mente con un \u00fanico objetivo: convertirse en la mejor. Y, de hecho, lo logra. Debuta a los diez a\u00f1os; a los dieciocho es nombrada en Viena \u00abVirtuosa de c\u00e1mara del Emperador\u00bb \u2014el mayor reconocimiento para un m\u00fasico\u2014 y acuden a aplaudirla Paganini, Goethe y Liszt. Incluso Chopin le env\u00eda sus felicitaciones.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Y en medio de ese triunfo, a los nueve a\u00f1os, <\/strong>Conoce a un alumno de su pap\u00e1, poco confiable pero lleno de genio: Robert Schumann. Se enamora de \u00e9l a los diecis\u00e9is a\u00f1os, se casa con \u00e9l a los veintiuno, solo cuando al alcanzar la mayor\u00eda de edad puede finalmente ir en contra de la voluntad de su pap\u00e1.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>La casa de los Schumann rebosa de m\u00fasica,<\/strong> de poes\u00eda, de dos mentes que se reflejan la una en la otra: el famoso<em>Carnaval<\/em>&nbsp;La obra n.\u00ba 9 de Robert cita obras de Clara, y durante a\u00f1os, algunos de sus Lieder se confundieron con composiciones de \u00e9l.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Y hay m\u00e1s: en esos mismos a\u00f1os, <\/strong>Clara es el punto de contacto entre la m\u00fasica de Robert y la, completamente diferente, de un joven compositor que frecuenta la casa de los Schumann desde que era ni\u00f1o \u2014riguroso, conservador y, seg\u00fan los chismes de la \u00e9poca, enamorado de ella toda su vida\u2014: Johannes Brahms. Sin Clara \u2014su criterio, su energ\u00eda, su red de contactos\u2014 probablemente hoy no conocer\u00edamos el romanticismo alem\u00e1n tal como lo conocemos. Es ella quien mantiene unida, literalmente con sus propias manos, la herencia de dos de sus protagonistas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Pero el matrimonio, por mucho amor que haya<\/strong>, reorganiza los cuartos, incluso los que tienen sonido. Una lesi\u00f3n en el dedo anular obliga a Robert a dejar el piano para dedicarse \u00fanicamente a la composici\u00f3n, y para componer necesita silencio absoluto. Clara escribe, desconsolada: <em>\u00abMi forma de tocar se est\u00e1 quedando atr\u00e1s; siempre pasa lo mismo cuando Robert compone: no me queda ni una hora para m\u00ed, no logro hacer nada con la composici\u00f3n y, a veces, me dan ganas de estrellar mi cabeza tonta contra la pared.\u00bb<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>No son las paredes delgadas de una casa cualquiera:<\/strong> las delgadas paredes de un matrimonio en el que dos genios respiran el mismo aire, y uno de los dos, casi siempre, tiene que contener la respiraci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Ocho hijos, un amor que perdura hasta que\u2026 <\/strong>Robert no empieza a mostrar signos cada vez m\u00e1s incontrolables de esa laceraci\u00f3n interior \u2014 la&nbsp;<em>Desgarro<\/em>&nbsp;de la que ya les he hablado en otra ocasi\u00f3n, encarnada en sus personajes Florestano y Eusebio \u2014 hasta la enfermedad mental que le va borrando, poco a poco, todo. Incluida la m\u00fasica. Muere a los cuarenta y seis a\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Y aqu\u00ed, exactamente donde la vida de Fanny se hab\u00eda interrumpido,<\/strong> La historia de Clara vuelve a comenzar. Porque cuando Robert muere, ella no se apaga con \u00e9l: recopila sus composiciones, las ordena, las protege y las promueve con una tenacidad que, seg\u00fan dice, siente como una verdadera vocaci\u00f3n. Y vuelve a tocar y a dar clases en el Conservatorio de Fr\u00e1ncfort, durante cuarenta a\u00f1os m\u00e1s, con giras aclamadas en toda Europa; su \u00faltimo concierto lo dio a los setenta y dos a\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Sin embargo, incluso en la cima del \u00e9xito,<\/strong> Queda esa vocecita que le susurra que sea humilde, que no se exponga demasiado. Sobre su propia m\u00fasica, la propia Clara dir\u00e1: <em>\u00abEs solo el trabajo de una mujer.\u00bb<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Eso lo dice ella misma.<\/strong> Ni una cr\u00edtica, ni una madre, ni un esposo: ella. As\u00ed de hondo puede calar, a lo largo de toda una vida, la idea que alguien te meti\u00f3 en la cabeza cuando eras ni\u00f1a. Clara Schumann seguir\u00e1 siendo, en la memoria de muchos, siempre y de cualquier manera, la esposa de Robert Schumann.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Y ahora llegamos al tercer armario<\/strong>. Lo que alguien, por fin, desmonta.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Louise naci\u00f3 en una familia de artistas, <\/strong>En un ambiente bohemio donde el talento no necesita justificaci\u00f3n, estudia m\u00fasica en serio, no por placer: ingresa al conservatorio, estudia con maestros excepcionales, en una clase que hasta entonces solo estaba abierta a los hombres. Ingresa y se destaca entre todos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>El amor, eso s\u00ed, la detiene por un momento:<\/strong> A los diecisiete a\u00f1os se casa con Aristide Farrenc, flautista, y se va de gira con \u00e9l, no como \u201csu esposa\u201d, sino como la mitad de un d\u00fao en igualdad de condiciones. Cuando Aristide se cansa de la vida itinerante y abre una editorial musical en Par\u00eds, Louise retoma sus estudios donde los hab\u00eda dejado y, con el paso de los a\u00f1os, se labra una reputaci\u00f3n como solista y compositora que ya nadie puede ignorar: dos oberturas, tres sinfon\u00edas \u2014la tercera fue recibida con gran \u00e9xito en la Soci\u00e9t\u00e9 des Concerts du Conservatoire\u2014 y un noneto que cautiv\u00f3 a Schumann, Berlioz, Liszt y Brahms.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>En 1842 se le da el nombre de <\/strong>a dar clases de piano en el Conservatorio de Par\u00eds. Se qued\u00f3 all\u00ed por m\u00e1s de treinta a\u00f1os. Era la \u00fanica mujer en todo el instituto.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Pero a los diez primeros se les paga menos por ese puesto<\/strong> que la de sus colegas hombres. Y aqu\u00ed, en lugar de aguantar en silencio como tantas otras antes que ella, Louise lucha. Durante una d\u00e9cada. Y al final \u2014quiz\u00e1s convencida tambi\u00e9n por el \u00e9xito arrollador de su Noneto\u2014 logra lo que a\u00fan hoy, para much\u00edsimas mujeres, sigue siendo la meta m\u00e1s dif\u00edcil: un salario id\u00e9ntico al de sus colegas. Igualdad, s\u00ed. A pesar del g\u00e9nero. A pesar de todo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Es una peque\u00f1a victoria<\/strong>, en un siglo de puertas cerradas. Pero es una victoria de verdad, la primera de esta serie que no se desvanece en un sentimiento de pesar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Falleci\u00f3 en 1875.<\/strong> Con ella, tambi\u00e9n se apaga su fama, como les sucede a muchas de las mujeres que aparecen en este libro. Nos toca a nosotros devolverles el reconocimiento que merecen.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Tres mujeres, un solo siglo.<\/strong> Fanny, que espera cuarenta a\u00f1os para desobedecer y, aun as\u00ed, sigue siendo, para la mayor\u00eda, \u201cla hermana de\u201d. Clara, figura clave del Romanticismo alem\u00e1n, sigue siendo, para la mayor\u00eda, \u201cla esposa de\u201d. Louise, quien, \u00fanica entre todas, logra conquistar no solo el derecho a componer, sino tambi\u00e9n la igualdad salarial. Tres formas diferentes de responder a la misma pregunta que el Romanticismo hab\u00eda planteado sin decirlo abiertamente: \u00bfmusa o autora?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>La pr\u00f3xima vez entraremos en el siglo XX,<\/strong> y les hablar\u00e9 de Nadia Boulanger y Sofia Gubaidulina. Pero eso, como siempre, es tema para otro episodio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Por ahora, <\/strong>Qu\u00e9date solo con esta imagen: tres armarios, tres llaves diferentes. Y al menos una de esas llaves, la de Louise, logr\u00f3 abrir el armario.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Beatrice Venezi<\/em><\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-buttons alignwide is-content-justification-center is-layout-flex wp-container-core-buttons-is-layout-fe29434c wp-block-buttons-is-layout-flex\">\n<div class=\"wp-block-button has-custom-width wp-block-button__width-50\"><a class=\"wp-block-button__link has-white-background-color has-text-color has-background has-link-color has-x-large-font-size has-custom-font-size wp-element-button\" href=\"https:\/\/www.beatricevenezi.it\/es\/il-blog-di-beatrice-venezi\/\" style=\"color:#093969\"><em><mark style=\"background-color:rgba(0, 0, 0, 0);color:#093969\" class=\"has-inline-color\">Regresar al blog<\/mark><\/em><\/a><\/div>\n<\/div>\n\n\n\n<div style=\"height:30px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Il BLOG di Beatrice Venezi &#8211; Il secolo che trasform\u00f2 l&#8217;autrice in musa. La volta scorsa vi ho lasciati davanti a un armadio chiuso a chiave. Dentro, la musica che Nannerl Mozart aveva scritto e che nessuno, mai pi\u00f9, avrebbe ascoltato. 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