{"id":9195,"date":"2026-09-25T18:06:12","date_gmt":"2026-09-25T16:06:12","guid":{"rendered":"https:\/\/www.beatricevenezi.it\/?p=9195"},"modified":"2026-09-25T18:07:36","modified_gmt":"2026-09-25T16:07:36","slug":"callas-argerich-du-pre-quando-il-corpo-diventa-lo-strumento","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.beatricevenezi.it\/es\/callas-argerich-du-pre-quando-il-corpo-diventa-lo-strumento\/","title":{"rendered":"Callas, Argerich, du Pr\u00e9. Cuando el cuerpo se convierte en el instrumento"},"content":{"rendered":"<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>El BLOG de Beatrice Venezi \u2013 Las hermanas de Mozart \u2014 Episodio 4<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Anna Maria Cecilia Sofia. Cuatro nombres en fila, para una ni\u00f1a nacida en Nueva York en un d\u00eda de principios de diciembre de 1923 \u2014 \u00bfel 2, el 3? No se sabe ni eso, de modo que ella misma, cuando sea mayor, elegir\u00e1 su propio cumplea\u00f1os: el 4, d\u00eda de Santa B\u00e1rbara, santa fuerte y volitiva. Su madre, ese a\u00f1o, hab\u00eda perdido a un hijo var\u00f3n debido a una epidemia de tifus, y habr\u00eda querido reemplazarlo con otro igual. Por eso, se dice que se neg\u00f3 durante cuatro d\u00edas a mirar a la ni\u00f1a. As\u00ed comienza, desde el principio, la historia de Mar\u00eda Callas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Les hab\u00eda prometido, en los episodios anteriores, continuar explorando este libro. Esta noche cambio g\u00e9nero de historias: ya no solo compositoras, sino int\u00e9rpretes \u2014mujeres a las que la m\u00fasica no les ha escrito, sino que la han hecho&nbsp;<em>encarnada<\/em>. Con la voz, con las manos, con todo el cuerpo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El apellido griego de Mar\u00eda es Kalogeropoulos: es retorcido, complicado, como ella misma. Se llamar\u00e1 Kalos, bello, y luego Callas \u2014que el mundo traducir\u00e1 con una sola palabra: divina\u2014.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Estudia canto con un m\u00e9todo y una t\u00e9cnica an\u00f3malos que la obligan a usar su voz en registros diferentes, y es precisamente ese esfuerzo an\u00f3malo lo que determinar\u00e1 su timbre. La \u201c<em>\u201dvoz de ruido\u201d&nbsp;<\/em>Seg\u00fan Toscanini; un timbre tan reconocible, \u00fanico e ic\u00f3nico que la convierte en \u201cLa Callas\u201d seg\u00fan la historia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Llega a Italia en 1947. Interpreta en Verona&nbsp;<em>La Gioconda<\/em>, el primer papel que siente, dice ella, \u00abbajo la piel, en los huesos, en la carne\u00bb. No se canta, entiende en ese momento. Se se convierte en lo que se canta.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Es un principio que tendr\u00e1 consecuencias extremas. Cuando su propio cuerpo ya no le parece adecuado para los papeles que interpreta, Mar\u00eda se impone una dieta despiadada y pierde treinta y seis kilos. Lleva un diario en el que, para cada obra, escribe su peso \u2014 de los noventa y dos kilos de la&nbsp;<em>Norma<\/em>&nbsp;de Trieste a los sesenta y cuatro&nbsp;<em>Don Carlo<\/em>, Hasta el absurdo objetivo de los cuarenta y cinco. Como si el cuerpo fuera una \u00faltima partitura que se deber\u00eda corregir antes de presentarse en escena.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En el punto m\u00e1s alto de su esplendor art\u00edstico, en 1957 en Venecia, conoci\u00f3 al armador griego Aristoteles Onassis. Ella tambi\u00e9n estaba casada con \u00e9l. Se conocieron durante a\u00f1os, esperando que ese amor pudiera convertirse en oficial, hasta que Onassis, cuando finalmente dej\u00f3 a su esposa, se cas\u00f3 con otra mujer: Jacqueline Kennedy.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Siempre equivocada, nunca lo suficientemente bien.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Desde all\u00ed, la voz de Mar\u00eda comienza a desvanecerse a\u00f1o tras a\u00f1o. Su propia explicaci\u00f3n, por eso, es la m\u00e1s simple y la m\u00e1s exacta:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>\u00abY la voz viene del coraz\u00f3n, as\u00ed que si el coraz\u00f3n se rompe, la voz tambi\u00e9n lo hace.\u00bb<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Se presentar\u00e1 por \u00faltima vez en Sapporo el 11 de noviembre de 1973. Morir\u00e1 en Par\u00eds en 1977, a los cincuenta y tres a\u00f1os.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Seguimos un momento en el misterio de un cuerpo que se convierte en m\u00fasica, pero cambiamos completamente de escenario: Buenos Aires, 1949, bajo el piano de una casa desconocida, dos ni\u00f1os se escondieron mientras sus madres hablaban afuera. Est\u00e1n a salvo y felices. Ella se llama Martha Argerich, tiene ocho a\u00f1os, y ese mismo a\u00f1o da su primer concierto de verdad. \u00c9l es Daniel Barenboim.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Martha comenz\u00f3 a tocar a los dos a\u00f1os y ocho meses. A los nueve a\u00f1os, antes de dar un concierto de Mozart, pens\u00f3:&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>\u00abSi equivoco incluso una nota, morir\u00e9\u00bb.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;Ya est\u00e1 aqu\u00ed, esta peque\u00f1a perfeccionista que el mundo luego llamar\u00e1 \u00abla leona\u00bb. Debuta en el Teatro Col\u00f3n de Buenos Aires a los once a\u00f1os \u2014el mismo Teatro Col\u00f3n en el que, muchos a\u00f1os despu\u00e9s, tendr\u00e9 la suerte de dirigir \u2014 y a los diecis\u00e9is a\u00f1os gana, en el mismo a\u00f1o, tanto el concurso Busoni de Bolzano como el de Ginebra.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero el \u00e9xito, para Martha, no trae serenidad: trae un p\u00e1nico irracional en el escenario, que crece junto con la fama. A los diecisiete a\u00f1os, en Florencia, para no tocar un concierto que no quiere afrontar, se corta un dedo con un cuchillo: as\u00ed, al menos, la excusa ser\u00eda verdadera. Se desvanece de las tablas durante tres a\u00f1os. Regresa, siempre, porque la m\u00fasica \u00abla atornilla al sill\u00f3n, al partitura, la hipnotiza, y siempre gana\u00bb. Su mantra, que repetir\u00e1 toda la vida, es simple y definitivo:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>\u00abNo se puede tocar sin vivir.\u00bb<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Vive intensamente: tres hijas de tres hombres diferentes \u2014un compositor, un director de orquesta, un pianista. Martha tiene un dif\u00edcil v\u00ednculo con la maternidad. Su primera hija, Lyda, pasa sus primeros meses de vida en un orfanato: Martha no est\u00e1 preparada para ser madre en ese momento, y esa herida a\u00fan no se ha curado completamente.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>\u00abNo s\u00e9 si he sido una buena madre\u00bb<\/em>, Dir\u00e1 de s\u00ed mismo, d\u00e9cadas m\u00e1s tarde.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Luego reinterpreta la maternidad desde cero: durante quince a\u00f1os, en Lugano, alberga en el Progetto Argerich a decenas de j\u00f3venes m\u00fasicos, compartiendo con ellos su propio talento, su experiencia y su disciplina \u2014 convirti\u00e9ndose, de hecho, en madre de una generaci\u00f3n entera de pianistas, de una manera que no hab\u00eda podido lograr con sus propias hijas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero ahora volvemos al ni\u00f1o con quien Martha se escond\u00eda debajo del piano, Daniel Barenboim. Daniel, un d\u00eda, conocer\u00e1 a otra m\u00fasico que se convertir\u00e1 en la otra mitad de esta historia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Se llama Jacqueline du Pr\u00e9. A los cuatro a\u00f1os oye a un violoncello tocar en la radio y le dice a su madre: \u00ab<em>\u00a1Quiero uno de esos!\u00bb<\/em>. Desde ese momento tocar\u00e1 con todo el cuerpo: la cabeza que se agita, el torso que gira junto al instrumento, cada parte de s\u00ed misma hecha especialmente para entrelasarse con el violonchelo. A los diecis\u00e9is a\u00f1os debut\u00f3 en la Wigmore Hall de Londres. En 1965 grab\u00f3 el Concierto para violonchelo de Elgar con la London Symphony Orchestra: una interpretaci\u00f3n que se convertir\u00e1, por s\u00ed sola, en una piedra angular en la historia de la m\u00fasica; su canto del cisne, aunque ella a\u00fan no lo sabe.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La noche de A\u00f1o Nuevo de 1966, Daniel Barenboim se hizo un n\u00famero de tel\u00e9fono \u2014&nbsp;<em>\u00abEl modo menos rom\u00e1ntico de todos\u00bb<\/em>, Dir\u00e1 entonces \u00e9l \u2014y ella lo llama\u2014. Se casan el a\u00f1o siguiente, en Jerusal\u00e9n, frente al Muro del Lamento. Cuando tocan juntos, recordar\u00e1 a quienes los vieron; la vida parece hacerse perfecta.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Solo que la vida, como se sabe, no es perfecta. En 1973, a los veintiocho a\u00f1os, un diagn\u00f3stico confirma lo que el cuerpo de Jacqueline ya hab\u00eda comenzado a contar por s\u00ed mismo: esclerosis m\u00faltiple. Las mismas manos que hac\u00edan del violoncello un prolongamiento de su propia carne pierden, poco a poco, la capacidad de tocarlo. No puede m\u00e1s soportar el peso del arn\u00e9s ni abrir la caja del instrumento. A uno de sus \u00faltimos alumnos confiesa:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>\u00abEl violoncello est\u00e1 enfadado conmigo. No lo toco desde hace a\u00f1os, ya.\u00bb<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Jacqueline muri\u00f3 en 1987, a los cuarenta y dos a\u00f1os. Barenboim se mantuvo durante a\u00f1os en silencio sobre ella, antes de romper ese silencio con palabras que siguen siendo, a\u00fan hoy, el retrato m\u00e1s fiel posible de una artista como esta:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>\u00abTen\u00eda un abandono totalmente contagioso, y yo lo amaba.\u00bb<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tres mujeres que no tuvieron que luchar para firmar su m\u00fasica; su batalla fue otra, quiz\u00e1s a\u00fan m\u00e1s \u00edntima: convertirse, con todo su cuerpo, en el propio instrumento. Y cuando ese cuerpo se rompi\u00f3, o tuvo que dividirse entre la m\u00fasica y todo lo dem\u00e1s \u2014el coraz\u00f3n de Mar\u00eda, los ataques de p\u00e1nico de Martha, las manos de Jacqueline\u2014 la m\u00fasica tuvo que aprender a hacer frente a esa fractura, o a sanarla, como Martha lo hizo en varias ocasiones.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y aqu\u00ed, al final de este libro hecho de armarios cerrados, partituras llevadas furtivamente, cuerpos que se convierten en m\u00fasica, a\u00fan queda una puerta que no he abierto. Ya lo hab\u00eda prometido en el primer episodio de esta serie, hablando de una monja del Alto Medioevo a quien la Iglesia prohibi\u00f3 cantar:&nbsp;<em>\u00abDe Ildegarda les hablar\u00e9 otra vez, porque merece un cap\u00edtulo entero\u00bb<\/em>. No lo he olvidado. La pr\u00f3xima vez cerraremos el c\u00edrculo: volveremos al principio de todo, a la primera m\u00fasico que la historia recuerde, y le daremos, finalmente, el espacio que le corresponde.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Para hoy os dejo con este pensamiento, que tambi\u00e9n se aplicar\u00e1 a la pr\u00f3xima entrega: quiz\u00e1s la maternidad no se refiere solo a los hijos. Es dar vida a una nota que nadie hab\u00eda escuchado antes. Es transmitirla a quienes vengan despu\u00e9s de nosotros. Es recibir, cada vez, la m\u00fasica de otra persona como si fuera propia. Generar, en \u00faltima instancia, se puede hacer de muchas maneras, y la pr\u00f3xima vez descubriremos que una abad\u00eda del Alto Medioevo ya lo hab\u00eda entendido, a su manera, muchos siglos antes que todas nosotras.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Beatrice Venezi<\/em><\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading has-text-align-center has-text-color has-link-color wp-elements-1\" style=\"color:#093969\"><em><mark style=\"background-color:rgba(0, 0, 0, 0);color:#093969\" class=\"has-inline-color\"><a href=\"https:\/\/www.beatricevenezi.it\/es\/il-blog-di-beatrice-venezi\/\" data-type=\"link\" data-id=\"https:\/\/www.beatricevenezi.it\/il-blog-di-beatrice-venezi\/\">Regresar al blog<\/a><\/mark><\/em><\/h3>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Il BLOG di Beatrice Venezi &#8211; Le\u00a0Sorelle\u00a0di Mozart \u2014 Episodio\u00a04. Anna Maria Cecilia Sofia. 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